El mundo laboral argentino atraviesa una transformación profunda marcada por la tecnología, la informalidad y los cambios en las formas de empleo. La pandemia aceleró procesos de digitalización que hoy se consolidan, pero también dejó al descubierto las desigualdades estructurales del mercado de trabajo. Mientras crecen los empleos vinculados a la economía del conocimiento, la precarización y la falta de protección social siguen afectando a millones de trabajadores.
Según datos del INDEC, el 36% de los trabajadores argentinos se desempeña en la informalidad, sin aportes previsionales ni cobertura médica. Esta cifra se mantiene prácticamente sin cambios en la última década, a pesar de los programas de fomento al empleo registrado. El sector más afectado continúa siendo el de los servicios personales y el comercio minorista, donde predominan empleos temporales o por cuenta propia.
En paralelo, la digitalización impulsa nuevas formas de empleo. El trabajo remoto, las plataformas digitales y la automatización modificaron la organización laboral y las relaciones contractuales. Las empresas tecnológicas y de servicios profesionales lideran la creación de puestos vinculados a la programación, la ciberseguridad y la inteligencia artificial. Sin embargo, el acceso a estas oportunidades sigue concentrado en los grandes centros urbanos y en sectores con mayor nivel educativo.
La brecha digital se convierte así en una nueva fuente de desigualdad. Mientras algunos trabajadores logran insertarse en el mercado global gracias al teletrabajo y los servicios digitales, otros quedan rezagados por falta de conectividad, capacitación o infraestructura tecnológica. Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, más del 40% de los hogares de bajos ingresos no cuenta con una conexión estable a internet, lo que limita las posibilidades de inserción laboral formal.
El Estado argentino intenta acompañar estos cambios con políticas de formación y reconversión laboral. Programas como “Argentina Programa” o “Capacitar 4.0” buscan preparar a los jóvenes para los empleos del futuro, aunque su alcance aún resulta limitado. Los sindicatos, por su parte, enfrentan el desafío de adaptar la negociación colectiva a un mercado cada vez más fragmentado y flexible.
La economía del conocimiento aparece como uno de los sectores más dinámicos del país. Exporta más de 8.000 millones de dólares anuales y genera cerca de 500.000 empleos directos, según el Ministerio de Economía. Sin embargo, la sostenibilidad de ese crecimiento dependerá de la estabilidad macroeconómica, la previsibilidad impositiva y la formación de talento local.
En un contexto de inflación alta y salarios reales en retroceso, el trabajo sigue siendo el eje central del debate económico y social en Argentina. El desafío es doble: modernizar el mercado laboral para incorporar innovación y productividad, sin profundizar la desigualdad. El futuro del empleo dependerá de la capacidad del país para equilibrar competitividad con inclusión.




