Las autoridades sanitarias confirmaron que en las últimas semanas fallecieron siete niños en Argentina a causa de coqueluche, una enfermedad infecciosa —también conocida como tos convulsa— que vuelve a poner en alerta al sistema de salud. El brote reaviva la preocupación por la baja cobertura de vacunación y la vulnerabilidad de los grupos más jóvenes ante enfermedades prevenibles.
Las muertes ocurrieron en distintas provincias, y si bien algunas presentaban factores de riesgo, las autoridades remarcaron que la coqueluche puede ser grave incluso en niños previamente sanos. Según los especialistas, lo ocurrido evidencia fallas en los esquemas de inmunización y la urgencia de intensificar campañas de vacunación, especialmente en lactantes y embarazadas.
El Ministerio de Salud nacional ya emitió recomendaciones: pedir turno para vacunar, completar los esquemas obligatorios —incluyendo las dosis correspondientes del calendario nacional— y acercarse cuanto antes a los centros de salud si aparecen síntomas como tos persistente, accesos de ahogo o dificultad respiratoria. También insistieron en la vacunación de adultos convivientes con bebés, para generar la llamada “cobertura en burbuja” y proteger a los más vulnerables.
El alerta sanitaria generó movilización entre pediatras y sociedades científicas, que convocaron a reforzar la vacunación y desalentaron la postergación de dosis por temor u otras razones. Para ellos, lo esencial es que la comunidad entienda que la prevención salva vidas: “Cada vacuna puesta puede evitar una tragedia”, enfatizaron.
El brote y las muertes reviven el debate sobre la eficacia del sistema sanitario para sostener esquemas de inmunización masiva en contextos de crisis económica, movilidad social y desigualdades. Muchos profesionales reclaman mejores campañas de comunicación, distribución gratuita y más control sobre el cumplimiento de los calendarios de vacunación en hospitales públicos y centros de atención primaria.





