La articulación entre la Justicia, fuerzas de seguridad y organismos internacionales fue clave para resolver el caso.

El rescate de los menores en Brasil fue posible gracias a una coordinación sostenida entre organismos judiciales y fuerzas de seguridad de ambos países, con la intervención de Interpol como enlace central para el intercambio de información y la localización precisa.

Según se informó, el caso involucraba una situación de conflicto familiar con implicancias legales, lo que requirió la activación de alertas y la verificación de movimientos migratorios. La investigación permitió reconstruir el recorrido de los menores y establecer el lugar donde se encontraban.

Durante el procedimiento, las autoridades priorizaron el interés superior de los niños, aplicando los protocolos internacionales vigentes para este tipo de situaciones. Tras el operativo, se inició el proceso administrativo y judicial correspondiente para definir los pasos a seguir en relación con la custodia y el retorno.

El caso volvió a poner en evidencia la importancia de la cooperación internacional en conflictos de carácter familiar, especialmente cuando involucran a menores y trascienden las fronteras nacionales.

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