La vicepresidenta quedó al frente del Ejecutivo en medio de cuestionamientos internos, vigilancia militar y una fuerte expectativa por las reacciones externas.

Tras la captura de Maduro, Delcy Rodríguez fue proclamada presidenta interina, en un acto institucional realizado bajo estrictas medidas de seguridad. La asunción se produjo en un contexto de fuerte fragmentación política y con amplios sectores de la oposición que desconocen la legitimidad del nuevo esquema de poder.

Rodríguez llamó a la “calma y la unidad nacional”, pero su discurso estuvo acompañado por advertencias contra cualquier intento de protesta o desestabilización. El respaldo de la cúpula militar aparece como un factor central para su continuidad, mientras persisten dudas sobre la lealtad de distintos sectores de las fuerzas de seguridad y de los grupos armados afines al chavismo.

En el plano internacional, la situación es seguida con atención por gobiernos y organismos multilaterales, que evalúan posibles sanciones, mediaciones o pedidos formales de transición política. Dentro del país, la población enfrenta horas decisivas, entre el temor a una escalada represiva y la expectativa de que se abra un nuevo escenario tras años de crisis económica, social e institucional.

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