Las críticas de Ferraro hacia la minería por el uso del agua contrastan con las cifras del propio sistema productivo argentino. Mientras la actividad minera representa menos del 1% del consumo de agua dulce, el agro concentra entre el 70% y el 90% del uso total, según distintas estimaciones sectoriales.
Pese a esta diferencia estructural, el legislador ha mostrado mayor predisposición a negociar regulaciones ambientales con el sector agroindustrial, promoviendo consensos y previsibilidad normativa. El contraste reabre el debate sobre cómo se distribuyen las exigencias ambientales entre sectores con impactos claramente desiguales.





