Un ataque aéreo israelí impactó sobre un búnker subterráneo utilizado por el liderazgo iraní en la ciudad de Teherán. La operación formó parte de una ofensiva más amplia contra objetivos militares vinculados al régimen.

El refugio, construido bajo tierra, estaba preparado para funcionar como centro de comando en situaciones de guerra. La infraestructura incluía salas de control, áreas de reunión y sistemas de protección reforzados.

Durante el ataque se registraron múltiples detonaciones que sacudieron el centro de la capital iraní. Las autoridades locales activaron operativos de emergencia y seguridad en las zonas cercanas.

El episodio marca un nuevo capítulo en la escalada del conflicto en Medio Oriente, que mantiene en alerta a la comunidad internacional ante el riesgo de una guerra regional de mayor escala.

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